miércoles 4 de noviembre de 2009

Brotes verdes

Brotes verdes de recuperación florecieron en el juego del R. Madrid en su partido disputado en ese San Siro de pesadillas pasadas. En la primera media hora los de Pellegrini no estuvieron lejos de lo que quiere el chileno: permuta de posiciones, circulación rápida del esférico, continuo desmarque; un bloque con trabazón entre sus líneas que disparó al muñeco hasta que acabó por destrozarlo. Todo aderezado con una intensidad que llevada a cabo retrata al Milan como a un grupo de jugadores que son el fiel reflejo de una impotencia inconmensurable.

Si el equipo después de esos treinta minutos pudo perfectamente irse al descanso perdiendo, el penalti de Pepe fue de libro y el gol de Pato legal a todas luces, es porque desde épocas prístinas cada vez que italianos y españoles cruzan sus suertes los unos consiguen mucho con poco y los otros poco con mucho. Los de Leonardo se sintieron más cómodos según Kaká languidecía, la dupla Benzema-Higuaín quedaba aislada y Seedorf se sentía seguro. Lo cierto es que Marcelo y Raúl tuvieron en su pies la victoria en el tramo final del choque, pero este Madrid sigue teniendo una dificultad precipua en el juego por fuera y todo acaba en el embudo por el centro.

Porque, ¿qué mejor manera de haber ido a por el partido en la segunda mitad que haciendo continuos 2+1 a los desgastados Oddo y Zambrotta, con auténticos especialistas de la línea de cal? Una última cosa: ¿se seguirá con Pato la tradición histórica, no escrita, que estriba en alistar el talento ajeno que nos causa una avería continental (Cesc, verbigracia, es un eterno futurible desde aquella exibición en el Bernabéu de febrero de 2006)? Vaya por delante que Arbeloa se fajó bien ante la exigente prueba de frenar al joven brasileño, si bien enfrentado a tan descomunal talento lógico es sucumbir al artificio del ingenio. De tanto ingenio. Y acabo: 4 puntos ha engullido este Milan envejecido a la superproducción. Parecen demasiados.

sábado 31 de octubre de 2009

Míchel da aire a Pellegrini

La propaganda endulcorada, si no es merecida, me resulta especialmente onerosa. Escribo esto a cuento de Míchel, un pedazo de ex jugador que recibe unos excesos verbales ("Guardiola blanco") que le quedan holgados al tratarse de un técnico esencialmente menor. En su vuelta a casa podrá anotar nuevas máculas en su vademécum de despropósitos. Si difícil era descender con el mejor Castilla que se recuerda, no lo es menos armarle el contragolpe al contrario jugando en superioridad numérica. Todo un mérito. La mediocridad táctica de Míchel condenará a este Getafe al frío estepardo de la zona baja de la tabla. No hay más tu tía.

Entretanto, Pellegrini coge aire, después de que el terremoto de Alcorcón hiciese zozobrar la cohesión 'intramuros'. No sólo Míchel vino en su rescate, sino también, quién lo iba a decir, un trencilla (Mateu Lahoz) capaz de metamorfosear en vehemencias las mancedumbres. Si no fuera porque la insostenible expulsión de Albiol obró el milagro de que el Madrid (súbitamente) escenificara por primera vez en esta temporada un guión creíble y juntara sus líneas, la actuación del colegiado sería merecedora de una retahíla de contumelias.

El afán protagonístico del árbitro fue un chispazo que iluminó la confusión imperante; la afición, al sentirse estafada, puso en marcha unos mecanismos de defensa que desembocaron en la ansiada comunión entre equipo y afición. Inane sería perderse en reclamaciones que, inexorablemente, irán a parar a terreno de lo baldío. Pero, como dice el amigo Ufo en el foro del post anterior, qué fácil resulta expulsar a un blanco en el Bernabéu. Pero, como dije antes, a partir de dicha expulsión el equipo mostró una buena cara, sobre todo en la segunda parte. Ramos se serenó; Pepe se agigantó; el despliegue de Lass merece un buen puñado de elogios.

Quien ganó el partido fue la verticalidad de Higuaín. El Pipa debe aparecer por sorpresa, no ser la referencia; él es un depredador con clase y pegada al que viene bien que no se le vea venir, ya que jugar como delantero referencial le identifica y le desarma. No nos referimos al oportunista de turno, de espacios reducidos, capaz de bailar en un ladrillo, Van Nistelrooy verbigracia. Su movilidad y aptitud para atacar los espacios libres destrozaron a Cata Díaz y a Mario. Un doblete goleador y reivindicativo para un gran jugador opacado por tanto fichaje rutilante.

martes 27 de octubre de 2009

La osamenta del credo enteco

Qué gran jugador fue Fernando Redondo. Qué grande. El madridismo llegó a admirar a quien describía no sólo como un mediocentro fantástico, sino como un gerifalte dentro y fuera del campo. A Redondo se asociaba una imagen del futbolista alejada de lo convencional, la de un señor romántico, de candidez arcangélica, que para conquistar a una dama utilizaría cientos de halagadoras misivas. La perspectiva que aleteaba detrás de la venta al Milan de un jugador tan carismático y querido era, cuanto menos, controvertida. Si finalmente no lo fue tanto fue porque Florentino, desde primerísima hora, se mostró como un personaje capaz de ensanchar la credulidad ajena hasta límites insospechados (acaba de arrebatar al Barça a Figo y había traspasado al lúgubre Anelka por la misma cantidad por la que fue adquirido).

El fútbol de Fernando Redondo fue concebido para el placer de la recreación, para prenderse en la retina. Y, huelga decir, que el hueco dejado por el argentino en su día no ha sido fácil de rellenar. A aquella ventajosa transferencia (en San Siro los problemas físicos apenas le dejaron tener continuidad) siguió un desfile de momias encabezado por Flávio Conceição, Gravesen o Pablo García, capaz de traumatizar infancias. Desde la salida de Redondo, en esa zona ancha sólo un representante del pujante vivero africano, Makelele, se ganó la estima del Bernabéu por su portentoso físico y sentido altruista del fútbol (siempre se ofrecía en mil y una coberturas), si bien es cierto que a veces se perdía en conducciones de balón horizontales y suicidas.

Todos pensamos que Xabi Alonso paliaría esa necesidad apremiante, la del conductor de juego, la del ansiado elemento generatriz. Su llegada, elevada a límites de culebrón en la canícula veraniega, costó más de 30 millones € por mor de un inflexible Rafa Benítez (que es un táctico en permanencia que, por ende, conocía nuestras carencias). Instalados en la perplejidad, vemos como el tolosarra es incapaz de dar fluidez al juego del equipo y no se hace acreedor a los panegíricos que precedieron su aterrizaje. Parece un jugador menor. No se puede permanecer impasible, inobservante, al mediocre desempeño de quien llegó como solución para reflotar la osamenta del credo enteco.

sábado 24 de octubre de 2009

El fracaso de la segunda línea

La realidad puede ser muchas cosas. Tozuda, sobre todo. O eso dicen. En el caso del R. Madrid le basta con ser ella misma y plasmarse: el equipo no funciona. Y no funciona porque no es precisamente eso, un equipo, sino una una mixtura de voluntades y almas en pena. Es cierto que en El Molinón las ausencias escenificaban una vanguardia tullida, ávida de Cristiano (a este paso va a haber que pactar algo con Pepe el Brujo), necesitada de Higuaín, urgida de Benzema y Van Nistelrooy. ¿Qué quedaba? Un Raúl que, en el mejor de los casos, se podría considerar un comodín al borde de la jubilación; un jugador que queda más pintón cuando es requerido para representar corazonadas de chaqueta y corbata.

Había puestas grandes esperanzas en una segunda línea, hasta el partido con los asturianos, estigmatizada por sus diminutas prestaciones. Al triunvirato Kaká-Granero-Drenthe le correspondía descoser a los de Manolo Preciado. No fue así. A Kaká, sus aptitudes en el marco del carisma no le tapan su discutible rendimiento; Granero se volvió a mostrar como un jugador con escasa capacidad para seleccionar la mejor opción en las jugadas de ataque; Drenthe... Bueno, Drenthe... Drenthe es algo así como la sinrazón hecha carne. Conclusión: empate a nada y fracaso de la segunda línea. Y no sólo de ésta. Es incomprensible que un equipo con Garay de central y Xabi Alonso de mediocentro se atasque tanto en la salida del esférico.

miércoles 21 de octubre de 2009

El R. Madrid, en Europa, ha dejado de ser grande

En el fútbol los ciclos zigzaguean. Un equipo grande puede, durante unos pocos años, dejar de serlo. Dejar de ganar. Esto es lo que le está sucediendo al R. Madrid, que ya no es un grande de Europa. Los blancos llevan un lustro que al ver la camiseta de un grande continental quedan empequeñecidos, absortos, incapaces de saltar la barra espinosa de la inseguridad. El último en asir la tendencia de ridiculizarnos, el peor Milan contemporáneo. Peor que el de las segundas etapas de Sacchi y Capello; peor que el de Óscar Washington Tabárez. El 2-3 final produce un escalofrío de desesperanza. Sobre Pellegrini se cierne el desgaste de las dudas.

Un equipo, el de Leonardo, desprovisto de la reciedumbre de Gattuso en la zona ancha; con Pirlo sin pisar el campo contrario; con Ronaldinho perdido en la frondosidad de un bosque frívolo; con una política deportiva incapaz de ejercer un maximalismo que descoyunte ese cementario de elefantes, mientras Il Cavaliere mercadea con Gadafi; con un once titular con 8 jugadores mayores de 30 años; con un portero habitual receptor de mofas. Desde la óptica rossonera, Pato fue un oportuno tuerto en terreno de ciegos. Desde la óptica blanca un partido que parecía controlado, por mor de un zapatazo de Pirlo, se desató como una orgía de sentimientos a prueba de excepticismos.

En este sainete bufo, la mayoría se dejó parte de su prestigio. Los ejemplos más llamativos: Casillas, tan desubicado como desesperado, fue el paradigma de la nefasta noche; Kaká, Raúl y Benzema se marcharon del campo entregando una paupérrima hoja de servicios; Marcelo en el tercer gol lombardo demostró quién es (en su caso prefiero no desparramar razonamientos plúmbeos). Mención aparte merece Sergio Ramos: un jugador protegido por parte de la prensa como los bucaneros eran protegidos (y pagados, seamos rigurosos) por los ingleses. Flaco favor hacen mis colegas a un jugador al que han tatuado en la cabeza que es la réplica de Hierro y Maldini.

sábado 17 de octubre de 2009

Benzema, el azar y la necesidad

Jacques Monod, en su célebre ensayo 'El azar y la necesidad', hablaba del papel relevante en el que ambos conceptos son determinantes en la vida del ser humano, y no sólo en el campo de la biología. Una conjunción de esas características está teniendo lugar en la corta singladura de Benzema en el R. Madrid. La confluencia del acerbo azar, que se manifiesta en la explosión de Negredo (precisamente ahora), con la necesidad de Karim en demostrarse a sí mismo su propia capacidad en estos momentos que rebrotan nuevas dudas en torno a su fútbol, está llevado al atacante francés a la impaciencia y al obsesivo hallazgo de goles opiáceos.

Tampoco va a ayudar a Benzema que vuelvan los aforismos temerarios y mistificadores que acarrean los dos goles de Raúl al Valladolid. Más allá de la visión bucólica de sus rapsodas, lo innegable es que el primer gol del 7 fue una maravilla que debe alejarse de cualquier maniqueísmo. Con Karim habrá que hacer como con el proyecto: mantener una estricta calma y prudente reserva. Esperar, en definitiva. A él porque su potencial, tarde o tremprano, hará que nos refocilemos con sus dianas. Al equipo porque no puede sino mejorar, pues difícil es escenificar mayor descordinación.

Algunos aficionados se encuentran sumidos en la desesperación y avidez de un punto de inflexión que nunca llega, entre otras cosas, porque no se sabe si es más descorazonador ver a una defensa que incomprensiblemente se derrite ante un Valladolid descosido por las bajas o escuchar a Pellegrini decir que no estamos lejos de lo que buscamos. A Marcelo, que marcó un gol y dio otro, noventa minutos decentes ante los de Mendilíbar no le redimen de los noventa del Pizjuán del todo lamentables. Debería jugar de interior, viendo la carestía de hombres puros de banda, cuando Arbeloa supere sus dolencias.

miércoles 14 de octubre de 2009

Messi y las contradicciones

En la redacción un compañero no deja de apostarse que Messi será tan grande como Maradona, algo digno de apostar en el Football Betting; asimesmo, le subraya con mayúsculas en la lides del más absoluto mesiazgo. Profecías de mi compañero (argentino, que conste) al margen, es indubitable que Leo es un Mesías de impronta maradoniana. ¿Es la Pulga el nuevo Maradona? Para quien esto escribe, no; aunque es difícil. Para empezar deberíamos imaginárnoslo en los dominios de Kolher, Baresi o Cabrini, cosa que ya no está a nuestro alcance.

No todos los argentinos admiran tanto a Messi como mi compañero. Principalmente, porque desde que Maradona se hizo cargo de la albiceleste, ésta es una montaña rusa de contradicciones. "¡¡Messi no, Palermo sí!!"... Los responsables de esta ordinariez entrecomillada, unos aficionados que acompañan la deriva de un seleccionador al que no se atreven a rechistar. Se ha inagurado un todo vale de mal gusto contra Messi en Argentina, pasando por alto que la incompetencia de Maradona acidula toda sustancia táctica y de orden colectivo. Ni Agüero, ni Lucho González, ni Mascherano rinden del modo que lo hacen en la vieja Europa cuando aterrizan en esa trastienda de desmanes.

Guardiola tiene un extraordinario olfato para el fútbol, una intuición sorprendente y magnífica, así como un gran apostador en el Online Betting. Es conocedor de que Messi mentalmente aún es muy mejorable, pero que futbolísticamente es un extraterrestre. Ideó lo de ubicarle por el centro para darle mayor campo de visión, pero por encima de todo, conoce que su grandeza radica en que recorra los menos metros posibles en las zonas de influencia. Que no es necesario que su prodigioso sprint se desgaste en un uno contra todos alejando del marco rival. Visto lo visto, el señero Barrilete Cósmico no ve los partidos del Barça.