viernes, 14 de junio de 2013

Florentino. Quién si no


No nos engañemos, aquellos seis dedos de Kennedy se llevaron consigo toda oposición a Florentino Pérez. Coligió el personal que ya había visto bastante. Echar un vistazo a las posibles alternativas a la presidencia resultaba descorazonador por demás en 2009, e igualmente lo resulta ahora, al margen de cuáles sean las normas (estas fueron endurecidas por el propio Florentino, como sabéis) que permiten formar una candidatura. Con el actual mandamás los madridistas tienen la sensación que muchos rusos tienen con Putin: "Claro, él, quién si no". Quienes quieren ocupar el sitio de Floren y el de Vladimir y les acusan de bonapartismo no son tenidos en consideración. A favor de Florentino acaso juegue el que haya sido personaje nimbado por los fichajes realizados, de tronío varios de ellos. Ahora mismo, según dicen, anda enfrascado en otra de esas negociones que se desarrollan a cámara lenta, la de Bale. O sea, los años transcurren, pero en su afición por los fichajes costosos y sobre la bocina no ha retrocedido ni un meñique. La cuestión es que, sea por lo que sea, con este hombre la mayor parte del madridismo se siente segura. Y la verdad: motivos tiene. No hay que olvidar que salvó al Real Madrid en su día, cuando consiguió vender la vieja Ciudad Deportiva. Pese a la polémica que llevaba aparajeda dicha venta (IU se opuso, ERC elevó consulta a la Unión Europea, un porcentaje nada despreciable del fútbol español se manifestó acremente en relación con la operación) Florentino dispuso del molde adecuado a sus intenciones. El acuerdo a tres bandas firmado por él, Ruiz-Gallardón y Álvarez del Manzano tuvo más valor que una Champions League. A su figura debemos la modernización de un club que, hasta su llegada, estaba anquilosado. ¿Errores? En materia deportiva ha cometido infinidad, y yo los he criticado, pues la megalomanía hizo mella en su sentido común de cuando en cuando. Pero hoy por hoy toca seguir confiando en su gestión. Y, entretanto aparece un Kennedy con cinco dedos, habrá que seguir confiando.

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sábado, 8 de junio de 2013

Espigas cortadas


Nos cuenta Heródoto, padre de la historia, en sus escritos cómo Trasíbulo de Mileto explica al enviado de Periandro de Corinto (uno de los Siete Sabios de Grecia) la mejor forma de conservar el poder. La metáfora es impagable: condujo Trasíbulo al vasallo a través de un sembrado de trigo y cortó las espigas que más sobresalían. Desconozco si Casillas y Sara Carbonero gustan de los escritos de Heródoto, pero la táctica seguida por el portero para retener el poder dentro del vestuario se semeja a la del tirano de Mileto. Porque, cumplida la discordia de una triste guerra, de Mouriño, como entrenador del Real Madrid, se habla ya en una perspectiva inactual. Un Mou que, si bien recibió palos de aquí y de allá, no representó la efigie estoica del sufridor de turno (ha habido tantos: Pellegrini, Juande, Capello...). No participo de las convicciones de muchos mouriñistas, pero tampoco de las de muchos casillistas (respeto toda convicción en relación con el tema que estamos tratando, eso sí). De las de aquellos por estar cimentadas en bases a veces irreales y otras absurdas (prometo argumentarlas algún día); de las de estos por el pasotismo que les provoca que un jugador airee las intimidades del vestuario. La cosa no tiene precio: socialmente se acepta, o podemos argüir que en gran medida el madridismo acepta, que los jugadores cuenten a la prensa lo que ocurre dentro de la caseta, aunque esto vaya en detrimento del equipo. Me comentaban el otro día en el transcurso de una cena: "Tan ocupado estaba The Special One buscando al topo que se olvidó de averiguar cómo jugaba Lewandowski". Dejando de lado el tono hiperbólico de la frase, puede que sí, puede que el de Setúbal pusiera demasiado esfuerzo en poner coto a algo que sucede en todos los sitios. Pero deberían los casillistas cambiar de ídolo. O pensarlo, al menos.

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domingo, 2 de junio de 2013

¿Para qué vino Mouriño?


El derecho civil español es en parte napoleónico, y de resultas en él hallamos galicismos que, dada la flexibilidad del lenguaje, transportamos a contextos más coloquiales. "Aval", verbigracia. Esta palabra, "aval", nos servirá para responder a la pregunta que titula el escrito de hoy. Ya que no se hubiera pagado a Moratti la cantidad que se pagó (la desconozco, entre otras cosas, porque sube y baja según quién informe acerca de la misma; fue una suma ingente en cualquier caso) de no contar Mouriño con el "aval" de sus títulos. Nadie va a pagar al Betis 10 millones (ó los que fueren) de euros por la libertad contractual de Pepe Mel, de igual manera que ninguna cabeza pensante abonará a Del Nido 10 millones (ó los que fueren) por liberar a Emery, pues no hay ningún "aval" capaz de augurar el éxito. Ya tenemos, pues, argumentos sólidos para desmentir a los mouriñistas que no hacen sino defender que su defendido aterrizó aquí para competir y no para ganar. Estos, amicísimos de subrayar que antes de la llegada de Mou la cosa estaba de color hormiga, a la pregunta en cuestión (¿para qué vino Mouriño?), responden lo que sigue (más o menos eh): "Para recuperar la competitividad y volver a luchar por los títulos, pero no para ganarlos obligatoriamente. Ganar sólo puede ganar uno". Francamente, es todo menos creíble un argumento de ese jaez. Absolutamente nadie en su sano juicio ingresa al Inter de Milan 10 millones (ó los que fueren) para sobrepasar los octavos de la Champions, por más que se trate de una estación maldita. No existe persona en este planeta llamado Tierra que realice una inversión así sólo para mejorar en parte. No. The Special One llegó aquí para ganar, y decir lo contrario raya en la inteligencia nula. Otra cosa distinta es que, como exponen sus detractores, estuviera obligado a ganar la Décima. Discrepo de esa teoría. La Copa de Europa no se le puede exigir ni siquiera al de Setúbal, puesto que no sería justo. En Resumen: Mou fue requerido para ganar, y por desgracia en tres años ganó poco. Se podría poner el acento en las distancias que nos separaban del Barcelona antes de su llegada, y aducir luego que las acortó, pero insoslayable resulta una realidad: había esperanzas de lograr, gracias a sus conocimientos, algo más que eso.

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domingo, 26 de mayo de 2013

La gran obra de Heynckes


Produce fracasos esto del fútbol. Hasta Mouriño tuvo que admitir el suyo tras perder contra el Atlético. No cabe duda, el balón da la razón al proverbio indio: "No hay árbol que el viento no haya sacudido". Pero asimismo existen las alegrías extremas, de cuyo sabor el propio Mou ha gozado en más de una ocasión. El de Setúbal las disfrutó desde el comienzo mismo de su carrera, cosa meritoria, y Jupp Heynckes las está disfrutando (uso la perífrasis aspectual durativa porque aún le queda la final de Copa) actualmente. Jupp, sacudido en más de una ocasión, nos ha mostrado su gran obra a los 68 años. Una obra sin fisuras, pues es este Bayern de Múnich lo mejor parido que hemos visto en años. Para lograr algo así, lo primero es mentalizar a los jugadores de que han de realizar funciones que hasta ahora no habían realizado. Futbolistas como Ribéry y Robben únicamente sabían correr hacia adelante, pero Heynckes les convenció de que debían también hacerlo hacia atrás. Y lo más asombroso, es que a la hora de volver a correr hacia la portería rival el francés y el holandés lo hacían con frescura: nunca el cansancio les restó efectividad. Cuando el Bayern ha tenido que defender lo ha hecho en bloque, y cuando ha tenido que atacar también ha primado idéntica idea (qué carreras nos han regalado Alaba y Lahm). Líneas juntas, sacrificio, despliegue físico, dominio del balón parado y pegada han convertido a los bávaros en nuevos reyes de Europa. La quinta Copa de Europa del coloso muniqués nos aclara, además, un par de cosas. Primera: Robben, no hay más que ver su trayectoria desde que se fue del Real Madrid, le ha ido a él mucho mejor que a nosotros, ha demostrado ser válido para el más alto nivel; segunda: Javi Martínez ha demostrado valer lo que pedían en Bilbao.

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sábado, 18 de mayo de 2013

Estamos donde estábamos en la primavera de 2010


En la vida hay reveses que, si bien enviscan, sirven de punto de inflexión: de punto de partida a partir del cual cimentar un cambio de tendencia. Verbigracia, Bunker Hill, para los rebeldes norteamericanos que querían independizarse de Jorge III. Se trata de reveses que, aún con el dolor que portan, te hacen adquirir la confianza precisa para creer que el fiel de la balanza cambiará de inclinación. En cambio hay otros, tras los cuales parece no quedar sino desolación; y por desgracia, los madridistas tuvimos que digerir anoche uno de estos últimos. Bueno, antes fui inexacto: no parecen quedar sino desolación y preguntas. ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir? ¿Qué trayectoria toca ahora? Y lo más importante: si echamos la vista atrás, más concretamente a la primavera de 2010, ¿cómo hemos llegado a esto, o sea, a lo de ayer? ¿Dónde nos hallamos? ¿Es el Madrid que vimos anoche, el resultante de las tres temporadas de Mouriño, superior al Madrid de aquel ilustre nombre masculino, o sea: al Madrid del "puntaje"?

Hacía 14 años que nadie injería en un escrito lo que sigue: "El Atlético derrota al Real Madrid". Más allá del hecho en sí, que no deja de ser la rotura de una racha, la importancia radica en una realidad de difícil admisión: Mouriño deja el equipo en el lugar exacto donde lo cogió. Tuvo, es verdad, una curva ascendente que le llevó a superar pruebas que no superaban sus antecesores (los octavos de la Champions) y a introducir tres dígitos en su casillero liguero. De acuerdo, eso es suyo. Pero el equipo que dejará el mes próximo, ha vuelto al mismo lugar donde estaba cuando él llegó. Lo tengo clarísimo: el Madrid que anoche perdió la Copa en su estadio y el que perdió 4-1 en Dortmund, no es mejor equipo que el que dejó Pellegrini. Es igual de mediano. Yo, al menos, he podido responder dos de las preguntas (las dos últimas) que formulé más arriba.

PD: Amigo Juanca, al leer que escribes con lágrimas en los ojos, concluyo que Mouriño y ese vestuario tienen unos aficionados que no merecen. Han sido todos, repito: todos, un cáncer para el Madrid. Mucho ánimo amigo.

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sábado, 11 de mayo de 2013

"La flor de la guerra civil es infecunda"


"La flor de la guerra civil es infecunda", dijo el poeta (y filósofo y visir, entre otras cosas), de aquí, cordobés, Ibn Hazm. Una guerra que no hay razón para desearla en forma tan descomedida como nosotros, según parece, la deseamos. Una guerra que ha hecho jirones el vestuario y escindido a la afición. Mouriño (en próximos artículos me referiré a su gestión a lo largo y ancho de estos tres años) se irá salvo sorpresa mayúscula y de resultas su puesto, podemos decir, parmanece vacado hasta nuevas noticias. Muchos de los problemas de más difícil solución que plantea su relevo es dar con alguien que signifique una alternativa creíble. Sin que servidor conozca el porqué, con Ancelotti parece cerrarse el grifo de los entusiasmos. Según dicen, el italiano gusta a Florentino más que ningún otro por sus conocimientos (que los tiene) y por su 'bizcochabilidad' (algo de eso hay), pero su candidatura no posee el respaldo de la opinión pública. En cambio a mí, si bien me sigo decantando por la continuidad de Mouriño, no me desagradaría ni mucho menos el aterrizaje de un entrenador que ha contribuido en proporción no pequeña al buen hacer de Milan y PSG entre otros.

Sigo en la creencia de que Mouriño es un gran entrenador, pero en la esfera de mi creencia coexisten además otras. Primera: si bien nuestro cortoplacismo endémico y descocado siempre nos impidió confiar en el trabajo de alguien y que los títulos se nos dieran por añadidura, pienso que Mouriño ha tenido tiempo para desarrollar su proyecto. Segunda: hondos atisbos de hartazgo muestran tanto club como entrenador, los cuales no creo que quieran ya seguir idéntico camino. Tercera: el 4-1 de Dortmund afea bastante la trayectoria global en la Champions League; él, Mou, llegó para que cosas así no sucedieran; y aunque no pienso saltarme a la torera los acentos emotivos de la vuelta en el Bernabéu (aprovecho y los subrayo: estuvieron muy bien), repetiré hasta la impertinencia lo que sigue: el 4-1 del Westfalenstadion fue un apaga y vámonos inadmisible, el Borussia tiene peores jugadores que nosotros y, por ende, perdimos una oportunidad histórica de acceder a la final. Cuarta: los muy afines a Mouriño están teniendo tiempo para resignarse a lo que parece irremediable (la salida del portugués, claro); podrán, además, asentar la idea de que la prensa ruin siempre abrevia en este club la andadura de los mejores; pero una Liga y una o dos Copas en tres años no han de hacer a nadie objeto de nostalgia.

PD: Enorabuena a Pablo Laso y sus muchachos. A ver si rematan la faena y nos traen la Copa de Europa.

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domingo, 5 de mayo de 2013

Cuando llevan razón las malas tripas


Siempre ocurre: en esto del fútbol, a una decepción sigue una pregunta inmarcesible; la pregunta versa sobre la justicia de lo acontecido, sobre si es justa o no la decepción que nos toca padecer. Se trata, qué duda cabe, de un ejercicio muy simplón pero en el cual caemos todos. Creo, sin embargo, que no hemos de manifestar preocupación por los merecimientos y sí tener como primera meta la conquista del objetivo; esto es: tener un análisis que parta de una observación práctica, de la cual se extraigan conclusiones algo crudas pero llenas de realismo. El que gana, ha ganado; el que pierde, ha perdido, y lo demás en términos futbolísticos, carece de valor. Por tanto, lo importante no es nuestro buen inicio de partido (en el que pudimos/merecimos marcar tres goles) o el arreón final que acoquinó a los de Klopp y nos hizo retomar una esperanza prendida con alfileres; lo importante es que, por tercer año consecutivo, no pisaremos la final de la Champions League. Y la decepción por tal cosa es grande, muy grande.

Ya sé que el entrenador en el Real Madrid es lo más parecido a un mártir de la ciencia en mitad de una arcadia salvaje. Es difícil hacer pie allí donde habitan tantas malas tripas, si bien no quiere decir esto que la crítica malévola no coincida alguna vez con el tino, y sea por tanto acertada. José Mouriño puede poner en resalto el haber llevado al equipo a tres semifinales consecutivamente, pero la sensación de ocasión perdida (que al menos yo experimento) se manifiesta de difícil digestión. El Dortmund no tiene mejores jugadores que nosotros, y el Málaga cerca estuvo de dejarlo en la cuneta. No habríamos de contentarnos con un postrer canto a la heroica y un inicio preñado de intenciones buenas, todo ello acaecido en el Bernabéu, pues a lo largo de los 180 minutos vimos a nuestro equipo como un equipo con sus recursos sin optimizar. Machado, a través de su heterónimos, decía que no conviene confundir la crítica con las malas tripas. Gran verdad, a la que yo añado: conviene que las malas tripas lleven razón las menos de las veces.

PD: Ufo, Van Gaal es un hombre muy competente.

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