Brotes verdes de recuperación florecieron en el juego del R. Madrid en su partido disputado en ese San Siro de pesadillas pasadas. En la primera media hora los de Pellegrini no estuvieron lejos de lo que quiere el chileno: permuta de posiciones, circulación rápida del esférico, continuo desmarque; un bloque con trabazón entre sus líneas que disparó al muñeco hasta que acabó por destrozarlo. Todo aderezado con una intensidad que llevada a cabo retrata al Milan como a un grupo de jugadores que son el fiel reflejo de una impotencia inconmensurable.Si el equipo después de esos treinta minutos pudo perfectamente irse al descanso perdiendo, el penalti de Pepe fue de libro y el gol de Pato legal a todas luces, es porque desde épocas prístinas cada vez que italianos y españoles cruzan sus suertes los unos consiguen mucho con poco y los otros poco con mucho. Los de Leonardo se sintieron más cómodos según Kaká languidecía, la dupla Benzema-Higuaín quedaba aislada y Seedorf se sentía seguro. Lo cierto es que Marcelo y Raúl tuvieron en su pies la victoria en el tramo final del choque, pero este Madrid sigue teniendo una dificultad precipua en el juego por fuera y todo acaba en el embudo por el centro.
Porque, ¿qué mejor manera de haber ido a por el partido en la segunda mitad que haciendo continuos 2+1 a los desgastados Oddo y Zambrotta, con auténticos especialistas de la línea de cal? Una última cosa: ¿se seguirá con Pato la tradición histórica, no escrita, que estriba en alistar el talento ajeno que nos causa una avería continental (Cesc, verbigracia, es un eterno futurible desde aquella exibición en el Bernabéu de febrero de 2006)? Vaya por delante que Arbeloa se fajó bien ante la exigente prueba de frenar al joven brasileño, si bien enfrentado a tan descomunal talento lógico es sucumbir al artificio del ingenio. De tanto ingenio. Y acabo: 4 puntos ha engullido este Milan envejecido a la superproducción. Parecen demasiados.






