jueves, 2 de junio de 2011

Mouriño y el paraíso de Florentino


El malogrado Nikita Kruschov era, esencialmente, una persona gris y poco creativa, como todas aquellas que sobrevivieron a la cribas estalinistas, cuyo deseo no era otro que purgar a los que sí eran talentudos. Cuando mató a Beria y se hizo con el poder de la URSS, se hizo famoso principalmente por dos cosas: por impulsar aquel deshielo que debía derretir el modus operandi de su demoníaco precursor; y por aquella crisis de los misiles cubanos que tuvo al Mundo y a la catástrofe separados por un botón que, gracias a Dios, ni Kennedy ni él pulsaron. También quedó para la posteridad una pregunta que le hizo a Gagarin: si había visto a Dios cuando anduvo por el Espacio; y asimismo una afirmación que el tiempo refutó en 1989: "El comunismo es el Cielo en la Tierra". Cuando a fines de octubre de 1956 amarró a los húngaros con rudeza ensañada por exigir libertad, dijo lo siguiente: "Para construir un paraíso en la Tierra, algunas cosas están justificadas".

Florentino Pérez debe pensar que para construir un paraíso en el Santiago Bernabéu, algunas cosas están justificadas. Incluso dar todo el poder a un entrenador a quien la polémica se le inmiscuyó en la piel, hace años, cual si fuera un tatuaje. Pese a ser Florentino un personaje remiso a adentrarse por ciertos vericuetos, entendió que el discuro de su volcánico técnico no podía sobrevivir sin la égida institucional. Pero le costó; echemos la vista atrás: Mouriño enseñó ante los periodistas, tras ganar 1-0 al Sevilla, un folio en el que detallaba los errores sufridos por su equipo y se quejó de que sólo él defendía a sus jugadores. Para su jauría de detractores, dicho folio no era sino una enciclopedia del caos que le permitía adentrarse en el meollo de su propia paranoia; en cambio, su legión de seguidores interpretaba dicho papel como la no claudicación ante el poder establecido. Y lo cierto es que Florentino no tomó partido ni por él ni por su legión de seguidores, sino por un Jorge Valdano que no iba en esa línea.

Se cumple una año de la llegada de José Mouriño. Y para que el equipo no siga con la perpetua actualización de la condena de Sísifo, nuestro mandamás entiende que lo mejor es dar preeminencia a alguien que antopone sus consignas a cualquier otra consideración, por mucho que desentone con ese señorío que tanto anuncia como una flor en el cieno, porque es junto a Guardiola el mejor entrenador del mundo. Quizá el presidente lo entienda así porque, deportivamente, 'THE SPECIAL ONE' se lo ha ganado incuestionablmente. Y también lo entenderá así porque el Paraíso, en Chamartín, desde que no está Del Bosque, no fue capaz de construirlo ningún entrenador educado.

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Foto: REAL MADRID

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