miércoles, 10 de agosto de 2011

Mouriño ha de ganar la baza emocional


El Real Madrid-Barcelona es algo más que un partido de fútbol. O quizá sea el más grande partido de fútbol porque es mucho más. Es un suceso que entreteje un gran número de impresiones, polémicas, imágenes y sentimientos enfrentados los unos con los otros. Dejando al margen el Celtic-Rangers, en ningún otro caso la rivalidad entre dos equipos alcanza a más ámbitos ni está encuadrada tan meticulosamente en la cronología de un país. Dicha rivalidad se armó de razón durante el rally de Clásicos de la pasada primavera, no sólo por la reprensible crispación que circundó a los mismos sino también por realzarnos una realidad: estábamos ante los dos mejores equipos de Europa, ninguno de los cuales mostraba la menor contención en el hallazgo de la victoria a cualquier precio.

Y es con Mouriño y Guardiola a cada lado, la sensación de antagonismo se ha multiplicado. Ambos son los mejores en lo suyo. El de Sampedor nos ha sumido en una prolongada incomodidad, pues desde su llegada debemos mirar hacia arriba (donde están él y sus jugadores); al de Setúbal le corresponderá a partir de ahora dar vida a una serie de motivaciones que el madridismo entiende realizables y difícilmente reprimibles. Habrá que ver si, con vistas a este primer enfrentamiento de Supercopa, Mou sigue fiel a su teoría de que al 'tikitaka' culé hay que oponer el recogimiento en campo propio. Erraría, porque la afición del Madrid da por hecho que ya no existen distancias insalvables que recorrer para alcanzar al rival secular; otrosí: la pretemporada ha puesto de relieve nuestra descomunal pegada, y hay muchos pequeños indicios de una superior maduración por nuestra parte: física y mentalmente, según parece, llegamos mejor que ellos a esta Supercopa (si Messi participa en la misma lo hará capitidisminuido, sobre todo en la ida, mientras que Cristiano y Benzema lo harán al amparo de merecidos elogios).

Según se intuye, esta temporada blancos y azulgranas se seguirán batiendo en todos los escenarios y contextos; por de pronto, en la Liga la rutina continuará imperturbable, se la disputarán ellos dos, y en Europa nadie les toserá si alcanzan el nivel esperado. Con la Supercopa de por medio, más que un título se jugarán sensaciones: una lucha por ver quién se encuentra en mejor estado de forma. Más allá de la baza emocional, este título no concita grandes anhelos, se trata de un título menor (el Madrid lo ganó en 2003 y en 2008 y no logró colorar el currículo de unas temporadas que se contaron en blanco), pero esa baza emocional es muy importante y Mouriño ha de ganarla.

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Foto: MARCA

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